FEDERICO II.
Durante su largo reinado (1740-86) se convirtió en uno de los exponentes del despotismo ilustrado, introduciendo desde su posición de monarca absoluto algunas reformas inspiradas en el pensamiento de las Luces. Impulsó la codificación del Derecho prusiano, reformándolo según el principio de que la ley debía servir para proteger a los más débiles: abolición de la tortura, independencia judicial, igualdad ante la Ley.
La brillante acción exterior de Federico II contribuyó a la expansión territorial de Prusia, permitiendo hacer de ésta, a pesar de sus limitados recursos, una gran potencia europea, capaz de disputarle la primacía a Austria dentro del Imperio Germánico. Nada más iniciar su reinado, aprovechó las dificultades de María Teresa para afirmarse en el Trono austriaco y se anexionó Silesia a costa de aquel país, desencadenando la Guerra de Sucesión de Austria (1740-48). La rivalidad austro-prusiana degeneró en un nuevo enfrentamiento en la Guerra de los Siete Años (1756-63), en la que Federico, aliado con Gran Bretaña, hizo frente con éxito a la poderosa coalición continental constituida por Austria, Rusia, Francia y Sajonia.
Federico II murió sin herederos, ya que su aversión a las mujeres convirtió en una ficción el matrimonio de conveniencia que le preparó su padre. Le sucedió su sobrino Federico Guillermo II.

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